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Celis dijo haber aportado un millón de pesos a la campaña de Cambiemos

by admin

–Yo con esto perdí todo.

El que habla es Daniel Andrés Celis y se refiere a las penurias económicas que le generó su irrupción en la arena política apoyando a Sergio Varisco y a la alianza Cambiemos en las elecciones de 2015.

Celis admitió haber liderado una organización dedicada a la venta de cocaína desde la cárcel y señaló a Luciana Lemos, su ex pareja, como la encargada extramuros de toda la logística que requería el negocio. “Asumo mi responsabilidad en la venta, pero no en la financiación”, sostuvo. Sin embargo, desvinculó al intendente Sergio Varisco, a la ex policía provincial Griselda Bordeira y al ahora ex concejal Pablo Hernández: “Es imposible que hayan comprado (cocaína); ellos no venden ni consumen”, aseguró.

Dijo, sin embargo, que tenía un acuerdo político con Varisco, a quien apoyó en la campaña electoral y le hizo aportes por un millón de pesos en eventos con los candidatos, cartelería y remises (no en efectivo, aclaró); pero que el jefe comunal incumplió su parte del trato y nunca pudo recuperar ese dinero. A cambio, agregó, recibiría cuarenta contratos de obra o de servicios (“eso lo decidía el intendente”, dijo) y cargos de jerarquía para personas allegadas. Varisco le dijo que le devolvería el doble del dinero que había aportado, aunque finalmente Celis le respondió que pretendía un 60 por ciento de interés por sobre el millón de pesos y otro 40 por ciento por la inflación. Pero eso no ocurrió. También incumplió la promesa de otorgar a Cristian Silva, un lugarteniente de Celis que tenía una pequeña empresa constructora: “Es otra de las mentiras de Varisco que nunca cumplió”.

–¿Sigue vigente esa deuda de la Municipalidad? –quiso saber la jueza Lilia Carnero.
–Qué pregunta… yo con esto perdí todo –le respondió Celis.

Tavi Celis declaró durante dos horas ante el tribunal oral y asumió la responsabilidad del negocio de la venta de cocaína, “pero no en la financiación” porque, según dijo, “no tenía plata; el negocio era a comisión: se vendía y después se pagaba”.

En línea con lo que antes había declarado su hermano Miguel Ángel Celis, dijo no haber participado del operativo de la narcoavioneta cargada con trescientos kilos de marihuana y despegó a su hijo Renzo Bertana, a su pareja Fernanda Orundes Ayala, Cristian Silva y Hernán Rivero, todos acusados de integrar la organización narcocriminal.

Las relaciones sin bandera con la política

Celis contó que el Movimiento Vecinalista del Oeste, su agrupación política, surgió como una iniciativa de vecinos, entre 2009 y 2010, para atender tareas de desmalezado o limpieza de baldíos: “Lo que no hacía la Municipalidad lo hacíamos nosotros”, explicó.

Según dijo, José Carlos Halle pretendió incorporarlo a la campaña reeleccionista en 2011, pero lo rechazó y, en cambio, apoyó al radicalismo. “Fue una mala experiencia porque Varisco no cumplió con su palabra”, reconoció. Quién sí lo hizo fue Fabián Rogel, electo diputado nacional, quien le aportaba sumas mensuales de entre 3.000 y 4.000 pesos, según dijo. Consumado el triunfo de Blanca Osuna, la agrupación hizo algunos trabajos en conjunto con la gestión municipal, agregó.

El acuerdo se revitalizó en el año 2015, a instancias de Pablo Hernández, y se concretó con una reunión de la que participaron Celis, Varisco, Hernández y Roberto Sabbioni.

Según dijo, luego se incorporó al PRO, a instancias de Emanuel Gainza y Josefina Etienot, que “se comprometieron a conseguir doscientos programas sociales nacionales para la zona oeste, pero nunca cumplieron”, insistió.

Sin embargo, trazó una crítica que trasciende al intendente: “No es Varisco el único que no cumple, todos los políticos hacen lo mismo. Con tal de ganar asumen el compromiso y después no cumplen”, se quejó.

En un papel que extrajo de su bolsillo tenía anotados los aportes que había hecho a la campaña y que sumaban 1.042.000 pesos para un encuentro con candidatos en el Club Avenida Ejército, una cena con fiscales de mesa, carteles, afiches, pasacalles y vehículos para trasladar gente a votar en las elecciones primarias, generales y en el ballotage (1.500 pesos por auto), con una aclaración: “Jamás le di un peso al señor Varisco”.

Ruptura de relaciones

La relación comenzó a volverse tensa luego de que Varisco asumiera como intendente.

“Al principio, la relación con Varisco era directa; iba personalmente y pedía hablar con él. Pero después hubo un montón de inconvenientes por los medios y tuvimos una discusión por las cosas que se publicaban en los medios y se veía que eran operetas de Varisco”, dijo Celis; y así se lo dijo a Hernández en una conversación telefónica.

Desde entonces, dijo Celis, “hablar con Varisco era imposible”; y el concejal Hernández y la policía Bordeira se volvieron sus interlocutores ante quien canalizar el reclamo por la deuda que había quedado de la campaña.

También Alan Viola, un agente de tránsito al que Celis conocía del barrio, se ofreció para intermediar con el comisario Ricardo Frank, entonces titular de la Secretaría de Seguridad Comunitaria. El acuerdo al que arribaron, según Celis, era que le entregarían una suma mensual de 50.000 pesos. “Pero eso nunca se concretó”, sostuvo.

Celis reconoció que su anhelo era ser jefe de la Unidad Municipal 2: “Se lo pedí a José Carlos Halle y a Blanca Osuna, en su momento, porque se ocupa de los barrios donde yo soy vecinalista, para mejorarle la calidad de vida a la gente. Varisco también me dijo que no, que iba a ser imposible porque los medios se la iban a agarrar con él”, señaló. No obstante, admitió que “tenía influencia a la hora de hacer un reclamo”, por su vinculación con Hernán Rivero, que se sospecha fue promovido por Celis como jefe de esa área.

La deuda que dejó impaga

El negocio que significó el acabóse lo encontró en la cárcel. Era febrero de 2018. Alguien que no identificó le ofreció comprar un kilo de cocaína, a un costo de 130.000 pesos, con la posibilidad de obtener una ganancia de 15.000 pesos y dijo haber aceptado “por necesidad”.

Tampoco ese negocio salió como esperaba, según dijo. Una mujer trasladó la droga y se instaló en la casa de Luciana Lemos, que era su pareja en ese momento, a esperar la llegada de quien debía retirar el paquete, para entonces cobrar, pero esa persona no llegó y sobrevinieron amenazas, contó Celis; ofreció una camioneta cuyo valor superaba a la cocaína que tenía para vender, pero sus proveedores lo rechazaron. Finalmente apareció la compradora y la operación se concretó.

Pero volvió a tener problemas con un segundo cargamento, esta vez de quince kilos de cocaína, que le robaron en Santa Fe, según dijo, y el proveedor envió a dos personas de nacionalidad boliviana que se instalaron en la casa de Lemos hasta que juntara el dinero para cancelar una deuda que estimó en casi 2 millones de pesos. “Decidimos seguir vendiendo para poder pagar esa deuda; todo lo que juntábamos era para pagar esa deuda”, acotó.

El proveedor sería Johan Edgardo Arias Quintana, un ciudadano de nacionalidad peruana, a quien Celis dijo no haber conocido nunca: “No lo conozco, no sé si es gordo o flaco; solo hablé por teléfono con él”, reconoció.

La sospecha es que Wilber Figueroa Lagos era el encargado de cobrar esa deuda, que estaba en la casa de Lemos el día del allanamiento en el que se hallaron los 3,493 kilos de cocaína. Sin embargo, el propio acusado afirmó, un rato más tarde, que nunca había trasladado droga a la casa de Lemos ni a Paraná.

También se permitió sembrar sospechas sobre los policías federales que participaron del allanamiento en la casa de Lemos, al afirmar que había allí una caja fuerte que contenía 390.000 pesos y que desapareció.

Celis corroboró gran parte de los dichos por Luciana Lemos, que dan sustento a la acusación, pero dijo que ella miente. Dijo también que los 10.000 pesos que le entregó Bordeira y los 30.000 pesos que le entregó Hernández eran para “gastos de viaje y para la familia”, en un intento por desvincular a los funcionarios de la acusación por haber supuestamente financiado el narcotráfico.

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