NOVAK DJOKOVIC GANÓ UNA FINAL TREMENDA EN EL ABIERTO DE AUSTRALIA Y OTRA VEZ ES NÚMERO 1

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Novak Djokovic escribió un nuevo capítulo de su historia gloriosa en el domingo australiano. No fue el mejor partido del serbio, pero le sumó a su tenis excelso su enorme corazón para reaccionar cuando parecía perdido y llevarse una final espectacular del Abierto de Australia ante Dominic Thiem​ por 6-4, 4-6, 2-6, 6-3 y 6-4. Fue su octava coronación en Melbourne, donde es el mayor ganador de la historia, y desplazará desde este lunes a Rafael Nadal como número 1 del ranking. Es además su Grand Slam número 17 y quedó a dos escalones de Rafa (19) y a tres de Roger Federer (20), en un año que otra vez lo muestra arriba de todos en el comienzo.

Djokovic consiguió un quiebre prematuro en el set inicial que lo dejó en posición favorable. Pero Thiem sacó a relucir el buen juego que había mostrado en las dos semanas previas y logró recuperar el break en el séptimo juego. Llegaron así parejos a la instancia decisiva, pero cuando a Thiem le tocó sacar 4-5, una doble falta clave cuando estaba set point en contra terminó por entregarle la ventaja a Nole.

El austríaco no se dejó llevar por la desilusión y en cambio se plantó con vigor y potencia en los peloteos ante un Nole que en muchos momentos se vio desbordado pese a su gran capacidad para defender. Así llegó el quiebre para el austríaco ya en el tercer juego del set. Djokovic consiguió equilibrar con un break en el octavo game, pero inmediatamente Thiem recuperó la ventaja en un juego cargado de polémica: el umpire le dio dos advertencias a Nole por excederse en el tiempo antes del servicio y así tuvo que ir con un segundo saque cuando estaba doble break point en contra. Desconcentrado, el serbio entregó el juego y ya con su saque, Thiem no perdonó y llegó el 6-4.

Ya en el tercer parcial, Thiem fue absolutamente dominante. Quebró dos veces el saque de un Djokovic que lucía cansado y que tuvo que pedir atención médica. El 6-2 final marcó la superioridad del austríaco, que parecía encaminado a dar finalmente el asalto a la gloria.

Nole se mostraba exhausto y sin posibilidades de reaccionar. Pero nunca se puede olvidar que es uno de los mejores tenistas de la historia, y en algún momento tenía que aparecer. Así lo hizo: con templanza mantuvo la paridad y espero para dar el zarpazo. En el octavo juego, una laguna de Thiem le permitió sacar la diferencia que necesitaba: consiguió un break y cerró con solidez con su servicio. La definición se iba al quinto set y parecía que todo podía pasar.

La historia se empezó a escribir con la mentalidad más que con lo que salía de la raqueta cada uno. Y en ese terreno, Djokovic volvió a mostrar esa templanza que lo hace uno de los mejores de la actualidad y de la historia. Consiguió un rápido quiebre en el set, sostuvo su saque pese a los embates de Thiem y cerró con solidez con su saque. Otra vez era el rey de Australia. Otra vez era el número 1. La gloria, esta vez, llegó con el corazón.

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